Con ochenta y tres años fallecía ayer al mediodía, en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el escritor Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, considerado uno de las figuras más importantes de la literatura hispanoamericana.
Su muerte pone fin a su prolífica carrera literaria, cuya obra ha quedado eclipsada por libros como La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras, La fiesta del Chivo o Travesuras de la niña mala. Jamás desperdició la tinta ni el papel, centrándose en los temas capitales de su escritura, la antinomia entre lo histórico y lo estructural, combinándolo con el humor, la comicidad y la tragedia.
Gran referente de los siglos XX y XXI y condecorado en múltiples ocasiones por sus obras literarias con premios de gran relevancia, entre los que destacan el Príncipe de Asturias (1986), el Nobel de Literatura (2010) y su investidura como doctor Honoris Causa por la Universidad de Málaga.
Siempre decía que para él la escritura era una forma de expresarse y liberar su yo interior. Nació por y para la escritura, aunque más de una vez confesó, humildemente, que no tenía talento natural y que para él, la escritura, era algo costoso.
Junto a su familia decía adiós al mundo Vargas Llosa, uno de los novelistas y ensayistas contemporáneos más importantes de nuestro tiempo. Su obra, enfocada tanto a lo personal como a lo social, siempre será un icono de la literatura universal.
“Este es un obituario ficticio realizado como práctica para la asignatura de Periodismo Especializado en Ciencia y Cultura.”

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